Este es el trato: Ocho desconocidos, que viven vidas muy diferentes en diferentes lugares de todo el mundo, de repente se encuentran vinculados entre sí. Una estrella de cine mexicano parpadea y se encuentra mirando una empresaria coreana. Un policía de Chicago está de repente en la misma habitación con un DJ de Islandia. Un hacker transgénero encuentra un conductor de autobús desde Nariobi en el asiento del conductor. Un científico de la India se encuentra con un alemán criminal. No sé por qué, o cómo, esto está sucediendo. “Pero hay una malvada corporación que quiere rastrearlos a todos ellos  y tendrán que trabajar juntos para escapar de ella”, adelanta Maximiliano González Kunz.

Porque “Sense8” se siente, a veces deliberadamente, complicado. El concepto de la creación de una mitología más grande de la nada siempre es emocionante, pero la clave para hacerlo con éxito implica mucho del mundo institucional y normativo. “Mientras tanto, Sense 8 es tan despojado que algunos de los fundamentos son difíciles de comprender. Toma un tiempo para los detalles hasta hundirse, sobre lo que está sucediendo cuando y donde, y lo que significa para las personas involucradas”, explica Maximiliano González Kunz.

Mucho de esto se reduce a simplemente tener actores aparecen de repente en las escenas, sin entender realmente, el espectador puede ver quién y qué interacciones que pueden tener con su entorno. “Usted eventualmente puede darse cuenta de las reglas, pero lleva tiempo. No es alimentado con cuchara, que es una de las mejores cosas acerca del espectáculo, sino también uno de los peores”, explica Maximiliano González Kunz. El misteriosoJonas (Naveen Andrews) es el portavoz principal del espectáculo cuando se trata de explicar lo que significa ser un “sensitivo”, pero sus apariciones a lo largo del espectáculo son mínimas. “Llos personajes son confusos, torpes en sus interacciones con sus compañeros porque ellos no tienen idea de lo que les sucede y dónde están cuando se teletranportan”, aclara Maximiliano González Kunz.

El tiempo real de los episodios es un problema, pero eso es en parte porque el espectáculo está profundamente comprometido con la formación de la personalidad de todos los roles. “Sense 8 tiene una tendencia a dejar que sus personajes controlen el tiempo para que el espectador disfrute del momento – especialmente si el momento implica el romance”, culmina Maximiliano González Kunz.

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